Arte, artesanía y artesanIA

Un rant (más) contra la IA generativa en los hobbies

No me creo muy listo por este juego tonto de palabras del título, ni tampoco creo que el texto que vais a leer a continuación sea especialmente original. Habréis leído mil iguales antes ya y, con toda probabilidad, con un hilo de pensamiento mejor enhebrado. No voy a hablar de todas las problemáticas de esta tecnología que hemos venido a llamar IA generativa. Voy a hablar tan solo de una muy concreta y es el uso de esta “herramienta” para la creación en general y, en particular, en su aplicación al arte como hobby.

Hablando en plata, voy a daros la turra de manera bastante extensa sobre por qué me parece triste, patético, cutre y repelente cualquier persona que use IA generativa en cualquier parte de un proceso creativo. Sí, incluyendo la documentación.

En primer lugar, voy a dejar clara una cosa que está imbricada con firmeza en mi malla de pensamiento: todo arte tiene, por necesidad, que tener un fuerte componente artesanal. Nada producido en serie o de manera procedimental puede ser arte. Esto vale tanto para un jarrón en tu casa como para la última película clónica, pasando por todos los juegos con carencia de innovación o todas las novelas sacadas con molde. Esto ya era un problema antes de la llegada de la IA, degradando estos elementos artísticos a “productos culturales”, producto de una “industria cultural”. Qué asco profundo me dan esas combinaciones de palabras entrecomilladas y cuánto perdimos en la batalla al aceptar esa terminología. Por lo tanto, quedan aquí descartadas como obras con pretensiones artísticas cualquier cosa con plantilla y, con más razones, cualquier cosa salida de una máquina. Esto no lo voy a discutir, está en mi cosmogonía personal y de esa burra no me bajaré.

Así que, quedando esto aclarado, vayamos al meollo de la cuestión.

Comencemos por definir qué es un hobby. Si tiramos de la RAE, encontramos la definición siguiente:

Actividad que, como afición o pasatiempo favorito, se practica habitualmente en los ratos de ocio.

No me acaba de gustar del todo, le falta algo, ¿verdad? Sí que se menciona lo del tiempo libre y el ocio y, sobre todo, esa bella palabra que es afición. Volveremos a ella en seguida. En la Wikipedia anglosajona encontramos un inicio de definición que me parece bello:

A hobby is a regular activity that is done for enjoyment, typically during one’s leisure time. (La traducción oficiosa sería “Un hobby es una actividad realizada con regularidad que se hace por el disfrute, normalmente durante el tiempo libre”).

Me gusta mucho, muchísimo, ese enjoyement, el disfrute. Esto es, el mero hecho de realizar esa actividad es algo que nos trae placer. En la Wikipedia en castellano se menciona también la vocación, aunque no creo que sea el término correcto ahí. Quedémonos tan solo con afición y disfrute, no vamos a necesitar más.

Si arrejuntamos un poquico todo esto, y salpimentamos con nuestro propio criterio, podríamos llegar a la conclusión de que un hobby es algo que hacemos en nuestro tiempo libre, por el mero disfrute de hacerlo y para nosotros. Si un hobby se hace porque se disfruta con ello, es porque lo que importa es el proceso, no el resultado.

Aparte de arrejuntar letras en mi tiempo libre, otros de mis hobbies son el cine (o ver películas, creo que me gusta más esa definición), leer, jugar o pegarme con cachos de yerro con otra gente por diversión (o sea, practico esgrima histórica).

Si veo una película no es por marcar una muesca más en mi lista de “pelis que he visto”1, es porque me gusta genuinamente ver películas. Sobre todo en el cine, donde puedo abstraerme por completo y no tengo la tentación perniciosa de mirar el puto móvil. Me gusta analizar los planos, tratar de descubrir qué decisiones hay tras cada parte del resultado. ¿Ese encuadre qué me quiere decir? ¿Y ese personaje que interviene ahora tiene un subtexto? O, sin más, me gusta flipar con una buena montaña rusa y apagar el cerebro también. Pero, incluso ahí, se nota también cuando algo está hecho en serie o cuando algo tiene artesanía y cariño detrás. Véase la diferencia entre Mad Max: Fury Road y cualquiera de Marvel (me he visto todas, pero es que no hay color).

Si me leo un libro no es para tragarme una historia sin más. Es para disfrutar con el lenguaje, ver qué me quiere contar en esa capa menos superficial, tratar de buscarle mi propia interpretación. Es una de las cosas bellas de la literatura (y de todas las artes, en realidad): la interpretación. Discutir con más gente sobre qué significa una obra. Por eso me da mucha rabia cuando un libro elimina el subtexto para dármelo todo mascadito. Y sí, os miro a vosotres, escritores de mi generación con complejo de Nolan que necesitáis explicarlo todo porque sois unos cobardes que no soportan interpretaciones diferentes a la vuestra o porque no confiáis en el lector.2

Y también me gusta practicar esgrima. Aquí es a partir de donde voy a comenzar a desarrollar lo de la artesanía. En la esgrima, como en cualquier deporte o arte marcial, se llega a dominar una serie de movimientos muy complejos a partir del perfeccionamiento de una serie, grande o pequeña, de movimientos y posiciones relativamente simples. Es en esa aplicación consecutiva de movimientos más o menos simples donde estriba la complejidad de un arte marcial. Para poder asaltar, o sea, pegarse, y disfrutarlo necesito primero de haber dominado esa parte más mecánica y repetitiva. Pero es una parte mecánica y repetitiva que también me llena de disfrute y no se queda en un mero trámite para alcanzar lo más complejo. Igual que al gustarme leer me alegra encontrar una combinación de palabras a priori extraña, pero que funciona; o un plano visual bello en una película. Las pequeñitas partes forman un todo me llenan de alegría.

Pues, exactamente esto, aplicado a la artesanía y al arte realizado en tiempo libre. Ese arte libre, auténticamente libre, que no comprende de impulsos ni necesidades capitalistas. Que harías aunque nunca lo fuera a ver nadie más, porque se hace para sí, para el propio disfrute. Al colocar una letra tras otra cuando escribo, usando los elementos más simples que me da el lenguaje y que trato de dominar mejor cada día, lo que hago es disfrutar del mero proceso de teclear y como resultado, una palabra acaba apareciendo en la pantalla o en la hoja en blanco. Para poder construir oraciones complejas y que el lector te siga hay que practica mucho, muchísimo. Hay que probar, y probar, y jugar, y retorcer, y confrontar, y discutir, y luego probar de nuevo y, al final, rendirte y dejar la primera palabra o frase que escogiste. O no, cada palabra es un universo.

No estoy, con esto, queriendo decir que el acto de escribir deba siempre acabar en arte. Ni mucho menos. El acto de escribir se hace por el mero placer de hacerlo. Porque nos llena de alegría. Y si ahora hablo más de escribir es porque me toca de más cerca, pero vale con todo. No hay que hacer mucho caso a esa gente que dice que para escribir hay que sentir una llamada o un fuego interior. Paparruchas. Sí, esa llamada y ese fuego existen y lo que hacen es obligarnos a escribir aunque no debamos, porque son las tres de la mañana y en pocas horas sonará el despertador, pero necesitas acabar ese fragmento de novela porque la inspiración te ha pillado trabajando y hay que agarrarla. Pero, pero, escribir por el placer de hacerlo es la base absoluta de todo. Si no disfrutas escribiendo, si poner una letra detrás de otra no te llena de regocijo porque lo que te interesa es ver un producto ya acabado que mostrar al mundo. Ay, entonces es que no te gusta escribir.

Lo que te gusta es una medalla y una palmadita en la espalda. Te gusta que te digan lo guapo que eres y lo listo que acompaña a la hermosa.

Si lo que quieres es acabar lo más rápido posible para pasar a lo siguiente, sin disfrutar del viaje en el que estés, quizás es que lo que te llena es otra cosa. Quizás lo que te llena funciona igual que una máquina tragaperras: ver un premio al final y que las endorfinas te den un chute rápido y vacío.

No voy a negar que da gustico que te digan que algo en lo que has metido horas es bello, que ha gustado o que ha conmovido. De hecho, puede ser realmente precioso y un refuerzo a tu intencionalidad de seguir, mejorar y, con la mejora, consiguiendo más recursos con lo que escribir mejor. Porque cualquier afición que se practique requiere un cierto nivel de compromiso. No voy a hablar aquí de sacrificio, eso ya es para los colgados que necesitamos crear algo para mantener la cordura. Pero sí compromiso. En mi caso, un buen ejemplo es la esgrima. Me requiere de un compromiso de al menos una vez por semana (si me siento bien, dos veces) para continuar mejorando y, paso a paso, tener más recursos con el que pinchar a otra gente con un yerro. Que mi cuerpo se mueva mejor y sin pensar, porque tengo ya mecanizados los movimientos más básicos y son parte de mí. De la misma manera que alegra el que te digan que algo que has creado posee algún grado de belleza, también lo da el que, al pegarte con otra persona, te digan “buah, tú, qué divertidas estas hostias”.

Y aquí regreso a la artesanIA. A productos creados por completo o con la ayuda de una inteligencia artificial. La basura creada por completo con IA generativa ni la voy a tratar aquí. Ese vómito mal regurgitado ya ha tomado demasiados segundos y caracteres de atención. Me centraré en eso de usar la IA para tu hobby.

Si habéis leído hasta aquí, quizás estaréis de acuerdo en mi declaración de que un hobby es, en su práctica totalidad, el disfrute del proceso. Incluso de aquellas partes que nos puedan parecer repetitivas o que, directamente, no nos gusten. Esas partes que podríamos tener la tentación de saltarnos usando una IA porque, total, ya las sabemos hacer, es repetitivo y queremos hacer el proyecto rápido. Y es justo, en esta declaración, en la que yo comienzo a ver las costuras de esas afirmaciones. Porque si una afición, en teoría, te llena, no comprendo el por qué querrías hacerlo más rápido. Sí que comprendo la sensación de “necesito cambiar de aires porque este proyecto está tardando demasiado”, aunque ahí el problema no es tu velocidad, sino una muy mala gestión del tamaño de lo que se quiere acabar.

Saltarnos pasos en un hobby lo veo muy parecido a creer que el sexo tiene preliminares y, encima, saltárnoslos; a saltarnos el aprender a colocar las rayas de diálogo y que nos lo haga la maquinita; a pretender pegarnos con un veterano llevando un mes de entrenamiento. A capitalizar el tiempo libre, porque hay que sacarlo rápido rápido y pasar a otra cosa. Que esa muesca en el cinturón de proyectos acabados no se va a marcar sola (o sí). Es la subcontratación de la emoción de crear algo, de un proceso que nos alegra.

Y por esto creo que toda persona que use la IA generativa en sus hobbies es triste y patética. Triste porque no entiendo lo que es un hobby y, quizás, el capitalismo haya hecho su trabajo demasiado bien en esa persona. Patético, usada en la acepción de “penoso, lamentable o ridículo”, porque es la mejor palabra para describir a alguien que enmascara su incompetencia con una máquina que haga cosas por ella en algo que, en teoría, es para su disfrute. Todo por ir rápido, o por vergüenza.

Coño, que hacer las cosas fatal es algo maravilloso también. He hablado bastante en este artículo de la parte de la mejora, de ese cariño por aprender y hacerlo cada vez mejor. Pero quiero reservar esta parte final para hacer un alegato sobre disfrutar muchísimo en ser horrendos practicando algo. Canto fatal, pero disfruto cada momento de cantar a solas en casa, para desgracia de mis pobres gatos (y mis vecinas, creo, sobre todo en la ducha). Tengo un ritmo nefasto y un conocimiento pésimo, y me encanta escuchar música e ir a conciertos. Mi capacidad de dibujo se quedó en unos muñecos de palo de horror lovecraftiano, y aun así disfruto de hacerlos en los márgenes de mis libretas de notas, que cada vez están más llenas de palos en posturas de esgrima.

Hacer fatal algo es increíble, es liberador, es precioso y poco lo hacemos. Y, también por ello, y usando la primera acepción del término, también por ello me parece patético el uso de la IA en un hobby que no se te da tan bien.

Si habéis llegado hasta aquí, disculpad de nuevo por esta tremenda turra gratuita. Espero que os haya gustado y, quizás, os haya convencido de lo patético del uso de la artesanIA en detrimento de lo artesanal.


  1. Admito llevar una lista con las películas que veo cada año. No por llevar una cuenta numérica, sino porque tengo una memoria para las palabras bastante terrible (sí, irónico para un señor que se vanagloria de juntar letras). Los títulos de las películas se me mezclan tanto como los nombres de los personajes, así que sin un listado luego no hay narices a recomendar nada. Porque lo de “sí, esa película de un señor que se queda despierto mientras la ciudad entera se va a dormir. Sí, coño, esa en la que siempre es de noche y buscan una playa. Leñe, la que sale Christopher Lee de malo” no es tan útil como decir “mira, Dark City me flipa y creo que deberías verla”. ↩︎

  2. Siento esta queja salida de la nada, por cosas de la vida me he leído en un par de meses como cuatro novelas con esta carencia de subtexto y a cada una salía más enfadado. Acho, dejadme pensar e interpretar, leñe. Si quisiera que me bombardearan con un hilo de pensamiento explícito me iría a libros de ensayo de a duro. ↩︎

Tags: narrativa opinion 

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