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Roldán García Párraga
El nazareno
Informe 1942.
Autor: Federico Palosanto.
Censor: Federico Palosanto.
Asunto: informe del incidente 90-B-Bis.
Contenido del informe:
- Transcripción del Chip Pasajero de Francisco Martínez.
- Notas de la transcriptora Efigenia García.
Informe para la divulgación para los niveles de seguridad 5 en adelante.
Código de color de los subrayados:
- Gris: notas censuradas.
- Amarillo: Delirios no provocados por la acción Illuminati.
- Verde: Paranoia provocada por la acción Illuminati.
- Rosa: Intervenciones provocadas por los Illuminati.
- Azul: intervenciones realizadas por agente(s) externos y no controladas.
Vuelvo a mirar la grabación. Otra vez más. Total, ¿qué daño va a hacer? Pulso el botón de reproducir y fijo de nuevo la vista en la pantalla. La cascada lente de la cámara de la cadena de televisión local captó el momento. Un nazareno vestido de violeta, con su capuchón picudo y su puñetera cara cubierta. Se acercó a la Reina y le puso un dulce de chocolate en la mano. Y ella, rompiendo todo el protocolo, se lo comió. Enteretico. Espichó trece minutos después.1
Apuro el cigarrillo y lo apago de mala manera en el cenicero. Mis compañeros siempre se quejan del olor y de que “iban a pillar un cáncer solo por entrar”. Imbéciles devorados por ese mito de que fumar produce cáncer. Borregos controlados por los consorcios médicos, que hagan lo que quieran. Yo iré a lo mío, aunque me expedienten de nuevo. Mi cubículo, mis reglas, aunque el ministerio diga lo contrario. Estiro la mano hasta la mochila que tengo en un lado del cubículo, donde guardo mis pastillas. Ya son las diez y me tocaban a las siete, al despertarme. Con la otra mano, trato de encenderme un pitillo al mismo tiempo.
–Martínez –escucho por encima de las paredes del cubículo en el momento en el que trato de encender el mechero. Retiro la mano, no quiero que nadie me vea tomándomelas2–, como te enciendas otro puto cigarrillo juro que salto y te lo hago tragar a hostias.
Elvira siempre tan agradecida con la persona que le enseñó a moverse en la comisaría. Gracias, nena, por devolverme así el favor. Tenías potencial, una mente aguda y cristalina, abierta a aprender. Y, sin embargo, en cuánto comencé a hablarte de las verdades del mundo te alejaste temerosa. Una pena, habría estado bien tener a alguien de confianza en este lugar de mierda.
–Dame un poco de cuartelillo, anda –respondo–. Solo quiero fumar tranquilo mientras inspecciono los vídeos, que acaban de llegar.
–Y yo quiero seguir revisando las declaraciones de los testigos, sin ahogarme por tu puto tabaco. Ya bastante ha sido que al llegar no te lo he hecho tragar.
–Vale, vale –claudico, todo sea por mantener una mínima convivencia–. Me lo echaré fuera en un rato. ¿Contenta?
–No, pero me vale. –Elvira se asoma por encima de las endebles paredes del cubículo–. ¿Al menos has sacado algo?
Sus dignos rasgos arios me miran desde arriba. Si bien sus cejas rubias se le arrugan al detectar el aroma del tabaco, tiene la decencia de mantener esa boquita de piñón cerrada.3
–Apenas he comenzado a mirar los vídeos –respondo–. Lo único que he visto es lo que todo el mundo, la Entrega de La Mona a la Reina.4
–Suerte con lo que te queda, entre móviles, cámaras de seguridad y lo de la tele hay como doscientas horas de vídeo ahí. Si al menos dejaras que el algoritmo de clasificación…
–No voy a confiar nada de mi trabajo a un algoritmo5 –me indigné–. Faltaría más. Lo haré a la vieja usanza.
Me siento en mi escritorio y comienzo el lento proceso de visualización. Con mi fiel libreta, voy tomando nota de cada cosa extraña que aparece en el vídeo.
Para comenzar, ese nazareno morado. La vestimenta coincide con la del resto, sí, pero nadie del grupo está seguro de que pertenezca a la cofradía, o eso han afirmado en las diferentes declaraciones. Dibujo un mapa en la libreta, en pequeñito, con las cuatro manzanas alrededor del lugar de los hechos. Con cuidado, realizo un breve trazo que representa el movimiento del nazareno desde que entra a plano y sale. Este será mi punto de referencia para tratar de localizarlo. Si lo logro, todo lo demás será coser y cantar.
Examino las imágenes de las cámaras de televisión, sin encontrar nada de utilidad. Veo a la Reina derrumbarse una veintena de veces. Pobrecica, venirse a que la maten aquí da pena. No me sirve de mucho más que para apuntar las marcas temporales en mi libreta.
Abro la carpeta de los vídeos de seguridad, no quiero todavía tener que entrar en los de redes sociales y esas mierdas. Me ponen los pelos de punta. Toda la gente grabándose a cada momento, ¿dónde ha quedado su sentido de la intimidad? Debería ser lo normal dejar el móvil en una bolsa Faraday al entrar a casa de uno y olvidarse de él hasta el día siguiente. En fin, los vídeos de seguridad. Anoto los tiempos de entrada y salida del nazareno en plano según las cámaras de seguridad y compruebo que coinciden con los obtenidos de las de televisión. A partir de ahí, uso esos tiempos para buscar al nazareno en el resto de vídeos. Tardo un par de horas y, por desgracia, tampoco obtengo nada concluyente. El nazareno llega a la zona con la caperuza puesta, desde varias manzanas antes. Estoy seguro de que sabía que lo íbamos a tratar de identificar y fue con muchas precauciones. Que se quedarán en nada, porque voy a averiguar quién coño es, ya verá, ya.
Voy navegando entre las diferentes cámaras, pasando de un origen a otro, tratando de reconstruir la escena y el movimiento.6 Y ahí está de nuevo, continuando la marcha con el resto de nazarenos. Como si nada hubiera pasado, tan tranquilo, tengo la sensación de que es un hombre. Y con unos andares que me quieren sonar familiares. Aunque será que estoy cansado e imagino cosas. Entra en el grupo junto a los demás que ya han acabado la procesión, todos revueltos. Y ahí, bum, la noticia, la Reina ha muerto. Todos los púrpuras corriendo de un lado a otro, apelotonándose y… Mierda, lo he perdido. Para atrás, vamos, poco a poco. Y lo he vuelto a perder. ¿Soy yo o hay un parpadeo en a imagen? Joder, hay demasiados como para seguirle la pista y encima se van montando unos sobre otros. ¿Aprovechó la confusión para huir? ¿O es que jamás abandonó la zona? Toca mirar los vídeos de las redes sociales. Mierda. Resoplo con más fuerza de la que pretendo, lo que llama la atención de Elvira de nuevo.
–¿Qué te pasa? –pregunta alzando la voz sin molestarse a ponerse en pie.
–Nada, que las imágenes de las cámaras no dicen ni mierda, y las de la tele tampoco mucho. Así que me toca mirar los vídeos de las redes sociales.
–Ah, mierda, buena suerte con eso. Siempre son lo peor.
–¿Cómo te está yendo con las transcripciones de los interrogatorios? ¿Algo a lo que agarrarse?
–Nada. El algoritmo no ha sacado nada sospechoso. Nadie dice haber entregado nada a la Reina y no hay señales de mentira en ninguno de ellos. No tengo ni idea de por donde continuar.7
–Siempre puedes mirarlo a la vieja usanza, poniendo las neuronas a funcionar.
–Tal vez lo haga8 –suspiró rindiéndose–. Tal vez lo haga.
Sabiendo que no iba a volver a hablarme en un rato, me vuelco de nuevo en los archivos. Hago de tripas corazón y abro la carpeta de los vídeos de redes sociales.
Vacía.
Algo tenía que haber mal ahí. ¿Cómo no iba a haber vídeos de la principal procesión de la Semana Santa de Murcia? Era ridículo. Seguro que alguien la había cagado. O alguien trataba de obstaculizar mi trabajo, podía ser eso perfectamente. Llamo al técnico a su extensión, decidido a llegar hasta el fondo del asunto.
–Aquí Fermín –responde una voz al otro lado.
–Oye, que la carpeta que he recibido con los vídeos de redes sociales está vacía.
–¿De qué caso?
–¿De qué caso va a ser? De la Reina, cojones.
–Ah, sí, ese. Eso es lo que hay, sí.
–No puede ser cierto. Acho, que es la procesión más grande, algo tiene que haber.
–Justo has dicho la palabra clave. Procesión. Ya nadie va a eso salvo a coger los caramelos gratis. Y los que van no graban. Unos por meapilas y otros por vergüenza.
–Eh, vale, gracias de todas formas –respondo colgando.
Mierda, esto es grave. Sea quien sea, se ha infiltrado en la policía, tendré que buscarme yo mismo los vídeos. Quizás haya sido el técnico, incluso. Sería lo más lógico, es el que nos proporciona todo el material, no hay nada que no pase a través de él. O quizás le han infectado el ordenador y limpian todo lo incriminatorio de manera automática. Coño, vuelvo a lo mío, a ver. Abro Hilos, nada; bueno, probaremos con Pajarico, nada, igual; bueno, Libro en la Cara seguro que contiene algo… No, coño, tampoco. Es mucho, mucho peor de lo que imaginaba. Se han infiltrado en las grandes compañías de redes sociales, borrando todos los mensajes relativos al asesinato de mantera automatizada.9 Borraré al técnico de mi lista de sospechosos, tampoco hay que ser paranoico de más.
Y ahora, ¿qué coño hago? Las imágenes deberían haberme mostrado algo más, lo que fuera. Tenía la fe en que hubieran llegado limpias, sin manipular. Ahora no estoy seguro. ¿Cuánto de lo que me han mandado ha estado modificado? Quizás de verdad se viera quién era ese nazareno de las narices. Escucho a Elvira recoger.
–¿Ya te vas? –pregunto poniéndome en pie y asomándome a su pulcro espacio–. ¿Ni siquiera la Reina merece tus horas extras?
–No hay nada que pueda sacar de los datos que tengo –responde con voz cansada–. No merece la pena seguir una pista muerta más tiempo, ya bastantes horas extras he echado hoy.
–Los jóvenes os rendís muy pronto.
–¿Pronto? Llevo catorce horas aquí.
Me quedo helado con una media sonrisa forzada. Otra vez, mierda, otra vez. Según mi percepción, apenas hace cuatro horas que he llegado.10 Tengo miedo de mirar su reloj, de ver la hora que era ya. Aunque es obvio que del exterior únicamente entran las luces de las farolas.
–El tiempo pasa pronto si la dicha es buena –suelto por decir algo.
–Eres un tío muy raro. Mira haz lo que quieras, yo voy a descansar, que si no, mañana no podré hacer nada y no quiero que el sargento me mande a la mierda de nuevo.
La observo irse por el pasillo. Ni siquiera trato de mirarle ese culo tan bien formado que tiene,11 estoy pensando en otra cosa. Alrededor no tengo a nadie, todo el mundo se ha largado ya. Al fin, miro mi reloj, ahora que estoy solo. Las once y diez de la noche. Llegué a la comisaría hace unas doce horas. Me cago en Cristo Rey.
¿Qué coño me está pasando? No es el primer espacio en blanco que tengo, de ahí las pastillas.
Las pastillas.
Me acerco a la mochila y saco uno de los blísteres de la nueva medicación. Dudo antes de meterme la pastilla en la boca, como cada día. No me hace ninguna gracia meterme esa mierda en el cuerpo, pero cada vez que me olvido de ellas acabo teniendo momentos en blanco. Hago de tripas corazón y trato de fingir que no soy prisionero del sistema que me quiere drogado y atontado. Es que, simplemente, no puedo, de verdad, no puedo soportar esos espacios en blanco.
Me giro y miro directo hacia la cámara de seguridad, que capta en 360 toda la planta. Joder, esta es la mía, es la primera vez que me pilla esto fuera de casa.12
Me olvido de las transcripciones y de la Reina, a la mierda, tengo cosas más importantes que hacer. Accedo a las grabaciones de la cámara y me pongo a revisarlas. Ahí estoy. En la grabación, me quedo congelado a eso de las doce, cuando le digo a Elvira de revisar las transcripciones manualmente. ¿Así que me hizo caso todo este rato? Joder, a lo mejor está más abierta a creer de lo que yo pensaba. Al caso, ahí estoy, me quedo quieto durante media hora. Hasta que me levanto. Sin decir una palabra, mi cuerpo sale de la sala. Salto de cámara en cámara, siguiendo mis movimientos por el edificio. Mi cuerpo, porque no puedo identificarme con ese movimiento arrastrado que veo en las imágenes, recorre los pasillos de la comisaría y llega a la sección de pruebas. Garnés me saluda con la cabeza cuando entro, como si no fuera la primera vez que lo hago. Ni siquiera me mira con extrañeza. Mañana tengo que hablar con él como sea.13
Cambio a la cámara de la sala de pruebas. No me veo. Compruebo los tiempos, coinciden, debería estar viéndome abrir la puerta de la sala en este instante y, sin embargo, permanece cerrada. Fijo la vista en las imágenes de las cámaras. Y ahí está, lo veo. Un ligero parpadeo y el vuelo de una mosca me ayudan. Hay un bucle de unos dos minutos que se repite una y otra vez.14 Avanzo la grabación un rato más. Diecinueve minutos después salgo sosteniendo un sobre de papel marrón. Detengo la imagen y hago zum, benditos sean los cien megapíxeles de la cámara y las buenas lentes. El sobre es planico, marrón paquetería, nada destacable. No tiene etiquetas a la vista. Irregular, irregular de cojones, Garnés no me inspecciona ni me llama la atención. Vuelvo a seguirle, seguirme. Hasta la puta puerta de comisaría. Salgo al parquecito de afuera. Parque por llamarlo de alguna manera, son dos bancos y cuatro árboles. Cambio a la cámara exterior, de mucha menor calidad, siempre se escatima en esta porque los niñatos del barrio la acaban reventando más pronto que tarde. Hoy, concretamente hoy, me jode eso. Quizás sea algo planeado de antemano, puede que quieran que esta cámara se vea peor adrede.15 Veo a mi cuerpo dejar el paquete en uno de los bancos, al lado de una especie de caja cuadrada. Por el color y el brillo, diría que es metálica, aunque con la mala calidad de la lente no hay mucho de lo que sacar. Vuelvo a entrar y me sigo hasta que vuelvo a mi asiento, del que no me muevo hasta casi ocho horas después. La cabrona de Elvira ni se da cuenta de que estoy catatónico. ¿O es que me pasa tan a menudo que ya ni es sorpresa? Más preguntas.
Vuelvo a mirar por la cámara exterior. El sobre sigue ahí, con esa extraña caja de metal al lado. No es que siga ahí en la grabación, no, no, no, no. Está ahí ahora, en el presente. Me pongo en pie lo más rápido que puedo y troto hacia afuera.16 Mi trotar cansado se asemeja más al movimiento de un elefante anciano que al de una persona de cuarenta años y que, supuestamente, se debe de mantener en forma. Los pasillos se mueven a mi alrededor con tal lentitud que parece deliberada, una visualización creada tan solo para joderme la cabeza.17 Llego al exterior y allí está, el sobre y esa extraña caja cuadrada y metálica. Me detengo, si lo manipulo, perderé una oportunidad de oro. Puedo seguir a quien lo recoja.18
Me coloco lo más lejos que puedo, fuera de toda vista. Todavía es de madrugada, así que no puedo sentarme a disimular en algún banco, ni mirando el móvil ni nada de eso. No colaría. En su lugar, me dirijo a una de las papeleras cercanas y extraigo algo de mugre, que me restriego por la espalda como bien puedo y por los laterales de la camisa marrón. Al acabar, me dejo caer en el picoesquina de una calle cercana, fingiendo ser un borracho más, apoyando la frente en la fría superficie de la fachada. Ahí, casi inmóvil, espero. El fresco de la acera me sube por las piernas y el culo, así como el de la frente baja por la cabeza y el cuello. Ambos frentes se unen a la altura del pecho y la espalda, en conjunción con las contracturas que me van a salir y mañana no me van a permitir moverme. Pese a la incomodidad, no varío de postura salvo lo imprescindible, para que los escasos viandantes piensen que soy un borracho más. Nadie mira a los borrachos que aún se mueven un poco, prefieren mirar a otro lado porque aún les queda un rescoldo de vida en el interior. Solo se preocupan cuando no se mueven, y llaman al 112 para que otra persona los socorra.
Espero quince minutos escasos, cuando alguien se aproxima al banco. Como quien no quiere la cosa, se sienta al lado del dispositivo metálico, lo manipula sin moverlo y, tras unos pocos toques de dedo, se lo guarda un bolsillo de los pantalones de trabajo que viste. Desde esta distancia no distingo qué tipo de cuerpo tiene, únicamente soy capaz de ver que es una persona de escasa estatura y enjuta. A continuación, coge el sobre y lo abre. Mira algo durante un par de segundos, vuelve a cerrarlo y se lo guarda en otro bolsillo, diferente al de la caja. Se pone en pie y camina en mi dirección, en lugar de irse por donde había venido.
Ya preveía esta posibilidad, así que comencé a fingir arcadas para que la persona mirara a otro lado. Tuvo que funcionar, porque pasó de largo sin variar el ritmo y continuó por la calle. Cuando conté diez pasos, me levanté y la seguí.19 Normalmente me hubiera gustado contar con un dispositivo policial de al menos cinco personas, para poder turnarnos, y en constante comunicación. Hoy, durante la noche y sin apoyos, lo más probable es que me pillara. Ni siquiera llevaba mi pistola conmigo, me daba bastante igual. A estas alturas solo quería saber.
Mis pensamientos cruzaban por delante de mi línea de visión, bólidos de luz en la noche. Tal vez fuera el cansancio acumulado o la pastilla que me había tomado, que me estaba reaccionando con más fuerza de la usual.20 Se siente como iluminan la noche, pese a saber que es imposible que mis propias alucinaciones visuales sean capaces de iluminar algo. Sigo a la persona que carga con el sobre hasta un portal cerca de la Avenida Libertad, a un buen trecho de mi comisaría. Es un portal fino, al fin y al cabo en este barrio hay bastante gente con pasta o que han heredado los pisos de su familia con dineros. Vamos, que no pasan hambre. Lo cual me descoloca. Esperaba algún lugar de mala muerte.
Decido no esperar más. Mientras la persona manipula las llaves, decidido a obligarla a que me diga qué había en el sobre. Obligarla a confesarme qué hostias me está pasando. La alcanzo cuando introduce la llave en la cerradura y comienza a empujar la hoja para franquear la entrada. La cojo de hombro derecho con fuerza y trato de obligarla a darse la vuelta. Fracaso por completo. Se me escurre por debajo del brazo y, con un golpe seco, me aplasta la nariz y me empuja hacia el empedrado. Me sujeto la nariz herida con la mano izquierda, que comienza a sangrar con ganas, mientras que uso la derecha para ponerme en pie. Demasiado tarde. La persona ya ha pasado al otro lado21.
Golpeo la puerta con el puño. Le doy puntapiés, grito de rabia. Si llaman a la policía que llamen, les enseñaré la placa y diré que soy compañero. Si me ha servido para librarme de alguna multa de tráfico, servirá para esto.
–Anda, para, nene, que te vas a hacer daño22 –dice una voz cascada a mis espaldas–. Si quieres respuestas, te puedo dar algunas.
Al girar me encuentro con una mujer rota. No hay otra manera de procesar esa información. Su cara es un puzle de carne desgarrada que, ante mis ojos, crece milímetro a milímetro. Las fibras musculares tiemblan al engarzarse con la carne nueva, creando mallas poco a poco. La nariz, a medio crecer, deja ver dos agujeros como los de una serpiente. Por suerte los ojos ya han crecido, igual que los párpados. No soy capaz de identificar la edad que tiene. Podría tener treinta, podría tener sesenta. Quizás si la veo con toda la piel encima seré capaz de medir su edad.23 Pese a todo, no es lo que más me sorprende de esa visión. Lo que más me aterroriza es mi falta de reacción. Debería haber gritado por el susto, sentir asco, lo que fuera. En cambio, la contemplaba con total normalidad. Como si estuviera drogado. Me palpo el pantalón y toco el bote de pastillas. Ella se ajusta la mochila a la espalda antes de hablar.
–En efecto, esa droga que te hemos dado te está ayudando a no gritar como un loco ahora. No está mal, la verdad. Es un viaje a la inversa. Agudiza todos los sentidos y bloquea el resto de drogas que, de manera habitual, nos vamos metiendo. Los psicóticos del agua del grifo, los depresores de la carne más industrial, el alcohol de… Bueno, ahí no hay misterio, de hecho te lo metes tú en el cuerpo de manera voluntaria, por alguna razón.
–¿Qué coño eres?
–Es una muy buena pregunta que no puedo responder. Soy. levo un par de miles de años, año arriba, año abajo, dando vueltas por el mundo, adaptándome a un país cada generación.
En circunstancias normales no me creería nada de lo que me estaba diciendo, pensaría que es un brote psicótico porque no son mis pastillas habituales. Sin embargo me lo creo. Acepto todo lo que me ha dicho. Creo que estoy drogado, y me da igual. Una ligereza me lleva, mi alma vive en una nube, vibrante, flotante.
–¿Y qué respuestas puedes darme? –pregunto sin desviar mi vista del mentón creciente.
–Pues te puedo enseñar algo que te interesará mucho más que mi piel regenerándose –dice alcanzándome un teléfono móvil–. Dale al play, el inicio te resultará familiar. Solo ten paciencia.
Cojo el dispositivo con cuidado, con la delicadeza que tendría si estuviera cogiendo una bomba en su lugar. Le doy al botón de reproducción y el mismo vídeo de seguridad que llevaba toda la mañana examinando aparece ante mí. El nazareno acercándose a la Reina, le entrega algo, se va. Se pierde entre la multitud. Y el vídeo continúa, en vez de detenerse, ya no existe ese parpadeo que vi las otras veces. Un nazareno abandona al grupo un minuto después de mezclarse. Va a las calles traseras. Poco a poco, sin nada del cuidado que había mostrado previamente, va dejando caer prendas de vestir. Reconozco esas espaldas, esa camisa. Se echa la mano al bolsillo y saca un móvil. Escribe algo y lo tira a un contenedor de basura cercano.
Soy yo.24
–Buen intento, es una imagen manipulada –respondo sin creer mis palabras del todo.
–Quizás, podría serlo con tanta mierda de IA que hay por ahí. Sin embargo, me gustaría que me respondieras lo siguiente. ¿Dónde estabas a esa hora?
–En la comisaría –respondo automáticamente–, como siempre.
–Ya, ¿y qué hiciste? Venga, no hace ni dos días, eso deberías ser capaz de recordarlo. Un caso, una conversación, algo.
Callo porque es lo único de lo que soy capaz. Traté de hacer memoria para traer de vuelta lo que, creía, fue una mañana más en comisaría. Sin embargo, nada vino a mí. Ni el más mínimo recuerdo o anécdota, ni siquiera qué desayuné, o un saludo con alguien. Solo quedaba un espacio vacío. Retrocedo un par de pasos y me apoyo en uno de los coches aparcados en la calle.
–¿Qué cojones me está pasando?
–Pues que estás despertando. Para vivir libre de la manipulación.25 El siguiente paso es impedir que te vuelva a pasar.
–¿Cómo lo hago?
–Sígueme, no es muy lejos.
Avanzo tras ella durante una hora, sin ser del todo consciente de los pasos que doy, viviendo en una suerte de doble vida. Soy y no soy. Estoy y no estoy. Veo mi vida tal y como si viera una película. Despersonalizado. No me extrañaría si, de repente, saliera de mi cuerpo y viera mis espaldas, como si fuera un videojuego, o un documental en el que la cámara sigue a la persona que hace el reportaje. Como esos programas de viajes que tanto le gustaban a papá.
Se detiene. A nuestro alrededor los desperdicios se acumulan, un callejón lleno de mierda como cualquier otro. Empuja un contenedor de basura y deja a la vista una rejilla de ventilación. La arranca de un tirón y mira al interior. Satisfecha, se pone en pie de nuevo y abre la mochila. De ella saca una pistola cargada y un cinturón con diez cargadores, que coloca en mis manos. No sé para qué hostias voy a querer tanta munición conmigo, ni siquiera tengo idea de qué voy a querer hacer en los próximos diez minutos.
–Ahora, avanza dos cruces, luego un giro a la derecha. Otros cuatro cruces recto. Ahí, verás una rejilla ante tus manos. Ábrela con este destornillador, con cuidado. Baja, cierra luego la rejilla de nuevo y escóndete en el armario. Y espera, espera todo lo que puedas, hasta que sepas que ya no puedes esperar más. Lo sabrás.
Sostengo el arma con lo que, estoy seguro, es una patética mueca de desconcierto. Al capullo, vamos a seguir con esto. Tengo que saber más, tengo que conseguir respuestas. Me coloco el cinturón y el arma a la espalda como puedo, como un niñato de los que se cree que una pipa le hace un hombre. Da igual.
–¿Qué voy a encontrar?
–La verdad.
–Cojones, dime algo más.
–No necesitarás nada, lo vas a comprender todo.
Me agacho y me dispongo a entrar. Antes de que cruzar el umbral, vuelve a hablar.
–Al entrar te dolerá la cabeza al principio, eso es el chip que trata de comunicarse con el exterior y no puede debido a las paredes forradas de plomo. Notarás un calorcito antes de que el chip se detenga por completo. Ahí serás libre del todo, de verdad. Y podrás elegir qué hacer.
No asiento, ni retrocedo, simplemente avanzo y entro en la oscuridad.26
-
Prueba uno, dos, tres. EEHHHHH. Perfecto, la transcripción automática de notas funciona al pelo. Al fin se acabó el estar tomando las notas a mano. Tres años. Tres años hasta que han aceptado ponernos esto. Ratas que son. Y, coño, espera, ¿cómo se borran las notas? Ah, al pijo, lo miraré al acabar la sesión de transcripción. Lo mismo es que mientras está en reproducción no se puede editar nada. ↩︎
-
La interrupción ha funcionado. Con suerte el episodio de hoy será más largo que otras veces. ↩︎
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Soy consciente de que no es profesional lo que voy a hacer, pero necesito desahogarme mientras transcribo. Al acabar haré un pase para eliminar estas notas. El peor sujeto de prueba que he tenido que monitorizar. ↩︎
-
Señor, que piensa con mayúsculas. ↩︎
-
Pensaba que la cursiva no se podía utilizar en la transcripción automática. ¿Han cambiado la ISO o es que el bot de transcripción es anglosajón? Nota: comprobar las reglas del uso de cursivas y mayúsculas en la organización. ↩︎
-
Pero este señor, ¿obtuvo su carnet de investigador en la tómbola? No me creo que aún hoy, en el año dos mil setenta y dos, se niegue a usar los programas necesarios que rastrearían a la presa en cuestión en segundos. Pero, mira, nos viene bien. Cuántos más palos se ponga en las ruedas, más fácil de llevarle al límite es. ↩︎
-
Pero señora, yo confiaba en usted. Estás a un paso de llegar a una conclusión, vamos. Aunque, pensándolo bien, mejor no, que entonces tendríamos que eliminarla y me cae bien. Ojalá la estuviera siguiendo a ella. ¿Quién es su pasajera? Ah, sí, Flaca. Cabrona con suerte. ↩︎
-
Acabo de dejar de confiar en usted, doña Elvira. En fin, parece que las drogas que les damos son demasiado fuertes en el largo plazo, les acaban machacando el cerebro. El precio de que puedan ser tan maleables. ↩︎
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Vale, ya se pone interesante esto. Vaya saltos de fe pega el colega y, por alguna razón, en la dirección correcta. Me lo voy a pasar bien al final. Fue un buen sujeto en el que colocar el chip Pasajero. ↩︎
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Mirando los registros del Piloto Automático de hoy, el episodio ha durado cerca de ocho horas. Funcionó bien el privarle de pastillas distrayéndole. ↩︎
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Ojalá pudiera filtrar estos pensamientos, ni son útiles para el experimento y solo consiguen agriarme la mañana. ↩︎
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Nota: el sujeto ni tiene ningún recuerdo de las otras cuarenta y dos veces que ha tenido episodios en la comisaría. La duración de dichos episodios no ha sido tan larga como el de hoy. ↩︎
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Aún parece capaz de juntar estos hilos, voy a recomendar que le bajen más la dosis de la medicación. Nos interesa que sea parcialmente consciente, no que sea capaz de unir los puntos y acabar descubriendo algo por casualidad. ↩︎
-
Mierda. Acabo de dar aviso a los equipos de campo de que recuperen al sujeto. No podemos dejarle suelto con lo que sabe. Esta grabación es de hace siete horas. Ha unido demasiados puntos, algo falla14Bis.
14Bis: Mierda y doble mierda y me cago en todo. El sujeto no está emitiendo ahora. No porque esté dormido, como pensé al conectarme al llegar, sino porque el chip no está emitiendo. Joder, joder, me van a empapelar por esto. Tenía que haber comprobado el estado del sujeto al iniciar sesión esta mañana, no ir directa a mirar las grabaciones del chip Pasajero. ↩︎ -
Ya ha encadenado varios hilos de pensamientos seguidos, no debería ser capaz. La medicación que le estamos dando debería atontarle al tiempo que bloquea los episodios de control, para no volverlo loco del todo. Pero, ¿esto? No es normal. Qué cojones.15Bis
15Bis Mierda y triple mierda. El equipo de recuperación ha encontrado la caja de las pastillas en su mesa, con uno de los dos blísters aún ahí. En la caja pone que es nuestra droga, pero la forma de la pastilla no coincide. ¿Error inocente, sabotaje o que hay un tercero interfiriendo? Espero que no sea esto. El anterior el cruce de intereses acabó con cuarenta muertos a puñaladas en un combate entre pilotos que saltaban de un sujeto a otro. ↩︎ -
Hijo de la gran puta y me cago en todos tus muertos en fila, uno detrás de otro. Esto no puede estar pasando. Y lo peor es que no tengo manera de avanzar a mayor velocidad de la que ya voy, las grabaciones del chip Pasajero admiten la reproducción a 1.25x, nada más. Y sin saltos. Demasiado que procesar de golpe. Los equipos de campo no localizan al sujeto, está desaparecido desde hace al menos seis horas. La única pista que tenemos es esta reproducción de mierda, que avanza demasiado lento para nuestros fines. Parece mentira que podamos meternos en la cabeza de la gente pero no rebobinar a nuestra voluntad. Y, además, ¿qué cojones hace el sobre ahí todavía? No tiene sentido. El mensajero debería haberlo recogido horas antes. ¿Nos han intervenido? ↩︎
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Ojalá fuera deliberado, cabrón con pintas, ojalá lo fuera. Pero la organización “no se necesitan seguimientos en directo, los incidentes espontáneos son demasiado raros y no merece la pena” ya no instala ese tipo de medidas en los chips porque sale demasiado caro. Me da a mí que, una vez dejen de rodar cabezas,17Bis eso va a cambiar.
17Bis La mía va a ser una de ellas, fijo. Me van a mandar a Siberia a vigilar el tráfico aéreo de los visitantes. Y vaya coñazo es eso. ↩︎ -
Me cago en Dios. ↩︎
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Acabo de comprobar que la persona encargada del sobre regresó al punto de control, así que no puede ser tan malo, ¿verdad? Debió de perderla por el camino. Sí, tuvo que ser eso. Eso sí, deberíamos liquidar esa persona, ¿cómo coño pudo pasar por al lado del sujeto sin darse cuenta de quién era? ↩︎
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Los de farmacia me han dicho que, hasta que no las analicen, no pueden decir qué tipo de pastillas son. No se corresponden con ninguna farmacéutica del globo. Sean lo que sean, son algo realizado al margen de todo. Como nosotros.20Bis
20Bis Farmacia también asegura que ninguna de nuestras empresas de farmacia ha producido esa pastilla, no es que nos hayamos vuelto a equivocar con las dosis que damos a los sujetos. Cada vez huele más a injerencia externa. ↩︎ -
Coño, el mensajero no mencionó al sujeto de seguimiento. Claro, si no lo vio más que para hacerle una llave rápida. Lo debe de haber interpretado como un intento de robo. Sufren tantos que la costumbre es solo informar cuando el intento es especialmente violento o peligroso. Y aquí era bastante obvio que nunca hubo peligro ninguno. Mierda, hemos estado muy, muy cerca. Hay que cambiar ese piso franco. ↩︎
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No, joder, ella no. Cualquier persona menos ella. ¿Por qué no se mantiene muerta? Ya la han liquidado una cuarentena de veces. Y siempre se levanta a los pocos días. Los últimos informes la situaban en el norte de África antes de que la volvieran a ejecutar. Aún debería estar recomponiéndose, la incineración no era algo fácil de lo que regresar. ↩︎
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La Madre no se ha regenerado del todo, se ha apresurado a salir de la cueva en la que estuviera volviendo a juntar sus átomos para esto. ¿Qué es tan importante? El sujeto no es nada especial, solo uno más del centenar que gestionamos. Salvo que algo se nos haya pasado en el chequeo de trasfondo y ascendencia. Pongo a los de documentación a revisar. Sigue en paradero desconocido. ↩︎
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Hemos llegado al punto de no retorno aquí. Ya no podremos tratar de camuflarlo como un brote psicótico. Tenemos que quitárnoslo de en medio. Los equipos de búsqueda han recibido la orden de eliminar, no de capturar. Con suerte parecerá algo de bandas, al ser él policía. ↩︎
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Es fascinante el uso que hace la Madre del lenguaje aquí. Habla de despertar y de dejar de estar manipulado para hacerles creer que su propia manipulación es una liberación. Una puta bruja, vamos. ↩︎
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Joder, está en el edificio. Está aquí, con nosotros. No hay otro edificio forrado con plomo en toda la ciudad, estamos seguros de ello. ¿A dónde lo ha mandado? Según los planos es, a ver, que me asegure. Mierda. Es aquí. Oh, no. No, por favor, no me mates. Baja esa arma, por favor. Yo no te he hecho nada malo, solo miraba, solo miraba. Solo hacía mi trabajo, de verdad. Solo miro. Mi único trabajo es transcribir lo que el chip nos envía. ¿El chip? Te lo pusimos en aquella revisión del otorrino hace diez años, sí, la de la limpieza del canal auditivo. De verdad, yo no he hecho nada. ¿Para qué? No puedo decírtelo. ¡De acuerdo! Baja el arma, hablemos, te lo diré. Es un experimento de agentes durmientes. Nunca sabrán que lo son, no tendrán ningún recuerdo, otra persona los pilotará. ¿Y yo? Yo miro las grabaciones, nada más, para controlar el bienestar de los sujetos, de tí. ¿Quién? A ver, suena raro, pero son los Illuminati. Sí, esos. No, en serio, no me estoy riendo de tí. Te lo juro. Yo no… [Sonidos de disparos, el programa de transcripción automática no es capaz de distinguir los sonidos. Fin de la ejecución. Cuando vuelva a un entorno más tranquilo, reinicie la aplicación] ↩︎